Literatura marciana
¿Por qué la gente tiende a hablar de “marcianos” y no de, digamos, “saturnianos” o “jovianos” cuando se menciona por primera vez el tema de la vida extraterrestre? Históricamente, se creía que Marte era el planeta en el que era más probable que hubiera vida. La literatura de la cultura popular, y más adelante la radio y el cine, reflejó estas creencias. ![]()
La fascinación del público con los marcianos empezó a finales del siglo XIX. En 1897, “La guerra de los mundos” de H.G. Wells fue la primera obra importante en explorar el concepto del invasor extraterrestre. Este concepto ejerció una influencia considerable sobre la psique pública y, consecuentemente, Marte empezó a tomar un lugar especial en la cultura popular hacia principios del siglo XX. Incluso astrónomos como Percival Lowell aprobaban la posibilidad de formas de vida avanzadas como lo describe en su libro “Marte como morada de la vida” (1910).
”La guerra de los mundos” narra la historia de la invasión de la Tierra por unos marcianos tecnológicamente avanzados. Los marcianos huyen de su agonizante planeta y descienden en diez inmensas cápsulas de cohete sobre el sur de Inglaterra. Su plan, adueñarse de la Tierra y sus recursos, empieza con un ataque sobre Londres. La gente huye en pánico, indefensos contra el superior armamento de los marcianos, el cual incluye un Rayo de Calor y un Humo Negro venenoso. La victoria parece segura cuando de repente los marcianos sucumben a una infección fatal de gérmenes terrestres.
“Nadie hubiera creído en los últimos años del siglo diecinueve que este mundo estaba siendo vigilado de cerca y con mucho interés por inteligencias mayores que la del hombre pero tan letales como la suya; que mientras los hombres se ocupaban de sus diversas preocupaciones estaban siendo inspeccionados y estudiados minuciosamente, quizás tan de cerca como puede hacerlo un hombre que con un microscopio inspecciona las criaturas transitorias que nadan y se multiplican en una gota de agua. Con infinita complacencia, los hombres iban y venían sobre este globo ocupados en sus pequeños asuntos, serenos por la seguridad de su dominio sobre la materia. Es posible que los infusoria bajo el microscopio hagan lo mismo. Nadie pensó ni por un momento en los mundos más antiguos del espacio como fuentes de peligro para los humanos, o pensó en ellos tan solo para desechar la idea de vida en ellos por imposible o improbable. Es curioso recordar algunos de los hábitos mentales de aquellos lejanos días. A lo sumo, los hombres terrestres imaginaban que habría otros hombres sobre Marte, talvez inferiores a ellos mismo y preparados para dar la bienvenida a una aventura misionera. Sin embargo, cruzando el abismo especial, mentes que son a las nuestras lo que las nuestras son a las de las bestias que perecen, intelectos vastos, fríos e incomprensivos, veían esta tierra con ojos envidiosos y, lento pero seguro, hicieron sus planes contra nosotros. Y al inicio del siglo veinte llegó la gran desilusión”.
Ray Bradbury – Las crónicas marcianas (1951, también publicadas como ‘Las langostas de plata’)
La provocativa novela de ciencia ficción de Ray Bradbury, escrita en una prosa muy pulida, lo convierte sin duda en uno de los mejores escritores de ciencia ficción del mundo. “Las crónicas marcianas” es una colección de historias ligeramente ligadas y que juntas narran la historia de la conquista de Marte por el hombre.
En la ciencia ficción temprana, los marcianos eran los culpables usuales de las invasiones a la Tierra – una tendencia que se inició con “La guerra de los mundos” de H. G. Wells. En “Las crónicas marcianas” de Bradbury, es al revés: los humanos son los invasores alienígenas de Marte. Como en la importante novela de H. G. Wells, bacterias terrestres matan a los marcianos. Pero esta vez los marcianos son una civilización bella, sabia y antigua. El libro plantea preguntas importantes sobre el comportamiento humano y sobre cómo deberían reaccionar las personas cuando encuentran razas alienígenas. Es un estudio sobre el egoísmo del hombre, especialmente sobre la destrucción de la cultura por políticos y hombres de negocios ignorantes.
… Los Hombres de la Tierra vinieron a Marte. Vinieron porque tenían o no miedo, porque eran o no felices, porque se creían o no peregrinos. Cada hombre tenía su razón. Abandonaban malas esposas o malos pueblos; venían a buscar algo o a dejar algo o a obtener algo, a excavar algo o a enterrar algo o a dejar algo por la paz. Venían con pequeños sueños o con grandes sueños o sin sueños… no es que al principio fueran pocos hombres. Su número se incrementó poco a poco en proporción con el censo de Hombres Terrestres en Marte. Había seguridad en las masas. Pero los primeros Solitarios tuvieron que valerse por sí mismos.





